A mediados de octubre de 1885, en lo que hoy es la
provincia de Chubut, una expedición de treinta hombres al mando de Luis Jorge
Fontana partió de Rawson, sobre el Atlántico, con rumbo hacia la Cordillera de los Andes.
Iban a explorar los maravillosos valles que tanto les ponderaban sus amigos los
indios tehuelches, en busca de tierras ricas para poblar y valiosos minerales.
Por la Ley de
Territorios Nacionales de 1884 se había dividido la Patagonia en los territorios que
varias décadas más tarde se convertirían en provincias, y el Comandante Fontana
había sido nombrado primer gobernador del Territorio Nacional del Chubut. El
flamante funcionario era, además, un hombre ilustrado que había estudiado
junto al naturalista de origen alemán Germán Burmeister.
Liderada por Fontana y el emprendedor galés John Murray
Thomas, la expedición estaba compuesta en su mayoría por colonos galeses, pero
también incluía algunos argentinos y hombres de otras nacionalidades. Los
Rifleros llevaban casi trescientos caballos, varias armas y abundantes
provisiones para una larga travesía por tierras casi desconocidas. John Daniel
Evans, el único de ellos que conocía el terreno, actuó como el baqueano que los
guió a través del inhóspito desierto central.
Luego de poco más de un mes de cabalgata, el 25 de
noviembre de 1885 arribaron al valle que ellos llamaron Cwm Hyfryd (en galés,
Valle Encantador, debido a su llamativa belleza) y que Fontana terminó bautizando “16 de
Octubre” recordando la fecha de la sanción de la Ley de Territorios arriba mencionada. Al
tiempo, premiando este esfuerzo y con una encomiable visión geopolítica, el
Gobierno Nacional otorgó una legua cuadrada del valle a cada uno de los
expedicionarios para que volvieran con sus familias y se instalaran. Así comenzó
a tomar vida la flamante Colonia, que con el tiempo dio origen a las actuales
ciudades de Esquel y Trevelin.
Años después de la expedición, en 1902, este nuevo
asentamiento tuvo un rol decisivo en el litigio limítrofe con Chile ya que
la Corona
Británica resolvió a favor de Argentina adoptando el criterio
de adjudicarle a cada país la porción de tierras que realmente ocupaba.
Los Rifleros hoy
Los pueblos que olvidan sus tradiciones pierden
la conciencia de su destino y los que se apoyan en sus glorias son los que mejor
preparan el porvenir fueron las
palabras pronunciadas por Nicolás Avellaneda el 15 de abril de 1811 en el
homenaje a Mariano Moreno.
Esa forma de pensar fue compartida
por los descendientes de los Rifleros originales, y es así que a mediados de la
década del 60 nace la idea de recordar la expedición realizada por el Cnel. Luis
Jorge Fontana y sus 29 hombres, idea que Don Milton Evans lleva a la práctica
con mucho empuje y decisión, comenzando a forjar las
primeras representaciones.
Para tal fin convocó en su
chacra a un grupo numeroso de personas que comenzaron a preparar un verdadero
homenaje, tomando muy en serio su papel y cuidando hasta los mínimos detalles:
los caballos, su vestimenta y todos los enseres fueron réplicas exactas, si es
que no tenían en su poder lo original… aquella ollita tiznada… aquel apero
apolillado, o algún abrigo olvidado en algún clavo detrás de la puerta… En fin,
cada uno aportando lo que descubría, y así era una verdadera fiesta cada tarde
cuando después de la jornada de trabajo se reunían a “ensayar”. El 25
de noviembre de 1965 se presentaron por primera vez ante la comunidad.
1
1. Párrafos tomados
de un escrito de Cleri Antonia Evans
Recuerdan los memoriosos que la
presentación fue tan exitosa que a los pocos días la repitieron a pedido de
muchos vecinos que no habían tenido la oportunidad de presenciarla la primera
vez.
Posteriormente, en 1999 se crea la Compañía de Rifleros del Chubut, que es una asociación
civil compuesta por descendientes de los Rifleros originales y otras personas
que con entusiasmo encarnan los roles de aquellos de los que no existen
familiares en la zona. Todos los años, el 24 de noviembre, estos modernos
Rifleros llevan a cabo una cabalgata conmemorativa. El grupo parte de
la Escuela
Histórica Nº 18 (donde se llevó a cabo el Plebiscito de 1902) y
trepa por la empinada Sierra Colorada hasta el peñasco desde donde los
expedicionarios de 1885 avistaron el valle por primera vez. Para la ocasión, los
30 Rifleros usan trajes de época, llevan caballos de carga y sus armas al hombro
o enfundadas en la montura.
El recorrido llega hasta el mástil ubicado al borde
del precipicio de piedra rojiza, un verdadero balcón que mira al valle, donde se
iza la bandera argentina, se entona a
capella el Himno Nacional y un “trompa” del Ejército toca en honor de los
miembros fallecidos. Cada vez son más las personas que ascienden hasta el lugar
acompañando a los Rifleros, de a caballo y a pie, incluyendo representantes del
Gobierno Provincial y Municipal, diplomáticos y visitantes extranjeros, Ejército
Argentino, Gendarmería Nacional, Parques Nacionales, Policía del Chubut,
Agrupaciones Gauchas de la localidad y los parajes cercanos, la Tropilla Los Amigos, delegaciones
de escuelas del Chubut y otras provincias, y numerosos vecinos. Es así que, con
la presencia abundante de jóvenes, el evento hoy también incluye canciones
galesas y argentinas interpretadas por voces de distintos lugares del
país.
En el año 2005, para celebrar los 120 años de la
expedición, se hizo una cabalgata especial realizando el tramo completo (más de
700
kilómetros) de Rawson a Trevelin. Fue un verdadero desafío
logístico ya que todos los integrantes eran cordilleranos y hubo que transportar
los caballos en camión desde los Andes a Rawson. Además se colocaron fardos de
pasto a lo largo del camino (donde éste era escaso) para alimentar a los
animales, y un equipo de Gendarmería Nacional los acompañó llevando los
alimentos y preparando las comidas para los jinetes.
Al cabo de más de tres semanas de travesía llegaron a
Trevelin justo a tiempo para la ceremonia del 24 de noviembre. A continuación se
transcriben comentarios efectuados por algunos de los participantes de esta
travesía:
El viaje fue una experiencia
inolvidable. Aprendí a mirar el paisaje de otra manera, al ritmo avaro del
caballo que sólo entrega un kilómetro cada ocho a diez minutos. A esa velocidad,
con el transcurso de las horas uno siente que es parte del paisaje y no un mero
espectador.
Nosotros conocemos de antemano lo que nos
depara el paisaje después de cada curva o accidente geográfico, en cambio los
Rifleros originales salieron a recorrer la árida e inhóspita
meseta patagónica sabiendo solamente lo que les habían contado los
nativos
El comentario precedente fue rápidamente complementado por otro
integrante que manifestó:
Si, estoy de acuerdo que tenemos muchas
ventajas comparativas, pero te aseguro que el viento que debemos soportar es el
mismo que acompañó a nuestros
ascendientes.
Otros comentaron que pudieron experimentar en carne
propia tanto la extenuante y seca vastedad del desierto como la alegría
indescriptible y la sensación de “llegar a casa” al pisar por primera vez las
verdes praderas en los valles andinos.
En resumen, tanto la inolvidable experiencia de este largo viaje como las
cabalgatas conmemorativas los 24 de Noviembre, la importante presencia en los
desfiles durante los festejos en cada aniversario de Trevelin y Esquel, la
concurrencia a otros eventos regionales, o simplemente las otras cabalgatas
efectuadas por pura camaradería, son una forma de mantener viva la memoria de
los orígenes del proceso de integración de la zona oeste del Chubut al resto del
territorio, y su desarrollo poblacional.
Texto preparado por Jorge Miglioli y
Jorge Thomas